jueves, agosto 29, 2013

Entre soledades


Clamar en silencio sin hacer voz el llanto.

Mirar al cielo y pedir con ansias la calma.

Abrir los brazos y sentir el abrazo del viento y de nadie más.

Girar y mirar al lado tuyo el silencio de un espacio vacío.

Abrir los ojos y palpar entre lágrimas la soledad.

Caminar y no escuchar pasos al lado tuyo.

Tener una alegría sin poder ser compartida.

Recibir el aplauso sin que nadie esté sonriendo desde el público.

Mil palabras en tu boca sin que nadie las oiga.

Esperar en la noche hasta dormirse en la ilusión de una conversa.

Indagar en tu interior y palparte en desierto vacío.

Cantar con tu guitarra sin el tañido acompañante.

Tomar una fotografía a tu mano tomada del aire.

Sentarse y pensar entre el sollozo de la brisa:

"en la única vida que no sobramos es en la propia".

Amaneceres

Amaneceres distintos cada día.
Un día amanece y se observan amigos los dos astros que desde mi planeta lucen más gigantezcos. Un sol tímido tras unas nubes oscuras, amenazantes sale con sus rayos luminosos para dar la bienvenida al día que como él alumbrará mi corazón calmo. A su izquierda en retirada la luna que va achicando luego de una luna llena majestuosa días atrás. En este amanecer se sitúa cerca del sol pero no alumbra como éste. Mas bien entrega una belleza distinta. De color blanca se posesiona en un lugar del cielo que ya luce celeste. Llamativa sin necesidad de brillar. Hermosa en su lugar sin invadir más espacio que el que ocupa en el firmamento.
Al día siguiente amanece sin amanecer. Tal cual mi alma triste de esta mañana. El sol aparece sin duda pero no se observa directamente. La niebla espesa lo oculta, y sus rayos no alcanzan ni para entibiar ambientes ni el corazón silente de quienes han mimetizado con el día. La luna oculta también bajo las nubes tampoco se deja ver en este amanecer. No hay astros, no hay rayos de sol, no hay blanco matizando el cielo. 
Amaneceres diferentes.
Amaneceres que dan matices a los días de invierno.
Amaneceres que entienden claramente las constantes variaciones de la vida de seres que transitan por los días buscando reír y llorar. Buscando el equilibrio y la belleza en cada amanecer distinto que se ofrece al despertar.

miércoles, agosto 28, 2013

Abriendo surcos

Y me vi caminando con un ramo de flores en mis manos, con la guitarra, la mochila y una cámara de fotos. Caminando con la brisa fresca de agosto sobre mi rostro y un caudal de sensaciones desbordantes que intento explicar... todo a raíz de lo siguiente:



Hoy se presentaron siete coros en una capilla que estaba llena de gente. Seguramente padres y familiares de los coralistas... ¿¿150 niños aproximadamente??

150 vidas infantiles y adolescentes marcadas para siempre por la magia de la música. Amada música. Bendita música. 

Tras esos coros siete personas trabajando por dar una oportunidad de canto a esos niños sedientos de melodías. Muchos de ellos amigos y conocidos míos, de los cuales tengo el recuerdo de haber compartido juntos partituras corales en distintas etapas de mi vida. Etapas en las que yo era una de las que se paraba nerviosa tras los brazos del director, pensando en recordar mis líneas melódicas, y con ellas todo lo que se nos había indicado: forte, apianar, sentir, pensar, más alto de lo que creemos... Para finalmente cantar y simplemente dejar llevar por lo que sentías. Dejar fluir sin miedo a que aflorara todo lo que sentías en el momento. 

La música marcando vidas. 

El canto abriendo surcos a los proyectos personales y colectivos.

Y luego del canto, los abrazos de niñas felices de haber disfrutado un momento de escenario. Sonrisas de niñas que te transportan a un espacio lleno de los momentos previos donde creías que nada de lo que decías era recepcionado... o al menos eso creías. Ahí, sólo ahí entiendes que tus palabras no fueron en vano. Que lo que quisiste transmitir no llegó a tierra seca. Porque en el momento floreció y de la forma más pura que puedes sentir.

Simplemente te emociona. Y lloré al sentir una de las letras que cantaban mis niñas: "y será este mundo mejor, si hubo quien despreciando el dolor, combatió hasta el último aliento..." y no por escucharlas, sino que porque sus caras, sus cuerpos, todo lo que brotaba de ellas decía que realmente sentían lo que estaban cantando. Sentir que esas líneas cobraban sentido en mi propio andar. Mi trabajo cobrando sentido real.

Pasaron tantas imágenes, momentos, personas, proyectos, sueños... tanto por mi mente. Simplemente las emociones fluyeron. Y me emocioné en lo sencillo y en lo imperfecto. Pero en esa imperfección vi el rostro emocionado y entregado de mis niñas. Mirando mis ojos, sintiendo, transmitiendo.

¿Es necesario más?
Aquí encontrarán parte de mi historia, parte de lo que soy, algo de lo que vivo día a día...